El mar adelante, Egipto atrás

El pueblo está atrapado. El Mar Rojo adelante, el ejército egipcio detrás. No hay salida lógica. Moshé hace lo que cualquier líder espiritual haría: reza.

Y Dios le dice algo inesperado: “Ma titzak elai? Daber el Bnei Israel veyisáu” — ¿Por qué me gritas? Dile al pueblo que avance.

Deja de rezar. Muévete.

Cuando rezar es escapar

Hay momentos en los que rezar ya no es un acto de fe, sino una forma elegante de no moverse. Una manera sofisticada de posponer la acción. De sentir que estás haciendo algo — cuando en realidad estás esperando que alguien más resuelva tu problema.

BeShalaj no critica la oración. Critica la oración que reemplaza a la acción. La plegaria que se convierte en parálisis disfrazada de espiritualidad.

Najshón

El Midrash cuenta que mientras todos discutían qué hacer, un hombre llamado Najshón ben Aminadav entró al mar. El agua le llegó a los tobillos. A las rodillas. A la cintura. Al cuello. A la nariz.

Y solo entonces — cuando el agua estaba a punto de cubrirlo — el mar se abrió.

El mar no se abrió para el que rezó más bonito. Se abrió para el que dio el paso.

Tu mar

¿Cuál es el mar que tienes enfrente? ¿Y cuánto tiempo llevas rezando en la orilla en vez de meter los pies en el agua?

A veces Dios no te pide más fe. Te pide más acción. No más palabras. Más pasos.

Avanza.